Un ritual familiar que impulsa el trabajo artesanal y fortalece la economía local.
Cada 6 de enero, el Día de Reyes Magos reúne a familias mexicanas alrededor de la mesa para partir la tradicional rosca de reyes, un símbolo que va más allá del pan y que se convierte en un ritual cargado de significado, convivencia y expectativa, especialmente al encontrar el “monito” que compromete a compartir tamales el próximo 2 de febrero.
Para las panaderías locales, esta fecha representa uno de los periodos de mayor actividad del año, con jornadas intensas de trabajo artesanal y ventas que llegan a duplicarse. Negocios familiares como Panaderías Santa Cruz, en Tijuana, apuestan por la frescura y el pan recién horneado, manteniendo los hornos encendidos día y noche para ofrecer un producto de calidad, elaborado con dedicación y experiencia transmitida de generación en generación.
Panaderos como Cándido Valenzuela, con más de 35 años de trayectoria, y su hijo Carlos, destacan la importancia de apoyar a los comercios locales, donde cada rosca refleja esfuerzo, tradición y orgullo por un oficio profundamente mexicano. En este Día de Reyes, el llamado no solo es a celebrar la costumbre, sino a valorar el trabajo artesanal y elegir panaderías locales, donde cada rosca guarda historia, identidad y el sabor de lo hecho en casa.
Selene Reynoso
Caneck Leyva / Border Zoom