El operativo antidrones en la frontera de Tijuana y San Diego refleja cómo el crimen organizado aprovecha nuevas tecnologías y obliga a ambos países a coordinarse.
La operación binacional “Águila Alta”, implementada en la franja fronteriza de Tijuana y San Diego, evidencia la necesidad de mantener una cooperación permanente entre México y Estados Unidos para enfrentar fenómenos delictivos que trascienden las fronteras, consideró Alfredo Estrada, profesor de Derecho en CETYS Universidad. La Secretaría de la Defensa Nacional informó que las acciones se desarrollan del 31 de agosto al 21 de septiembre, con operativos simultáneos de las fuerzas de seguridad de ambos países dentro de sus respectivos territorios.
De acuerdo con la Sedena, el objetivo es detectar e inhabilitar drones de uso comercial que presuntamente son utilizados por grupos delictivos para vigilar a las autoridades durante actividades relacionadas con el tráfico de personas y drogas. Para ello se desplegaron equipos antidrones fijos y móviles. Estrada señaló que el uso de estas tecnologías representa otro ejemplo de la capacidad de las organizaciones criminales para adaptarse y aprovechar nuevas herramientas en sus operaciones. “La única manera que hay de enfrentar este fenómeno es a través de la cooperación”, sostuvo.
El académico explicó que el narcotráfico es un fenómeno complejo y transnacional que difícilmente puede combatirse de manera aislada desde cualquiera de los dos lados de la frontera. Aunque existan diferencias políticas o discursos entre ambos gobiernos, consideró que la realidad obliga a las agencias de seguridad a coordinarse. Advirtió además que uno de los principales retos es evitar que el Estado permanezca reaccionando después de que las organizaciones criminales incorporan nuevas tecnologías, pues las estrategias pueden concentrarse en atender las consecuencias inmediatas sin necesariamente abordar las causas de fondo.
📸 Selene Reynoso / Border Zoom