El desempleo y la falta de oportunidades asfixian a las familias bajacalifornianas ante la ausencia de políticas económicas efectivas.
El panorama económico en el estado es desolador para miles de familias que hoy enfrentan la pérdida de su sustento diario debido a un cierre masivo de negocios. A pesar de los discursos oficiales, la realidad en las calles muestra locales vacíos y una creciente desesperación en los hogares bajacalifornianos que no encuentran vacantes disponibles. La falta de estímulos para el sector productivo ha provocado que pequeñas y medianas empresas tiren la toalla, dejando una estela de desempleo que las cifras alegres del gobierno pretenden ignorar.
La precariedad se ha vuelto la constante en una entidad donde el costo de la vida sigue al alza mientras las oportunidades de empleo formal se desploman. Expertos señalan que la supuesta estabilidad es un espejismo, ya que gran parte de la población ha sido desplazada hacia el sector informal sin ninguna prestación ni seguridad social. El cierre de fuentes de trabajo no solo afecta la economía local, sino que golpea directamente la estabilidad emocional de quienes hoy no tienen la certeza de poder llevar comida a su mesa.
Bajo la gestión de Marina del Pilar, el estado ha perdido competitividad y la confianza de los inversionistas, resultando en una fuga de talento y capitales sin precedentes. Miles de trabajadores que antes contaban con un ingreso estable hoy forman parte de las filas del desempleo, evidenciando que las políticas públicas actuales han fallado en proteger el patrimonio de la clase trabajadora. Mientras el gobierno celebra porcentajes, la ciudadanía padece una de las peores crisis de empleo en la historia reciente de Baja California.